La política y los políticos

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Por Ruiz Armando Damián, Santa Maria-Catamarca

Nuestra realidad nacional nos sitúa a pocos días de finalizar el año 2017 entre reformas en materia previsional, impositiva y laboral; además del presupuesto para el ejercicio financiero del año 2018. El gobierno neoliberal que representa la combinación de la restauración oligárquica, el poder mediático, los capitales financieros transnacionales y el poder judicial revanchista -y siempre protector de los intereses dominantes-, se consolida en base al triunfo electoral de octubre. A lo anterior debemos sumar a la clase política pactista (mayoritariamente “peronista”).

El gobierno avanza con múltiples reformas (una lección de cómo se debe gobernar) que borra de un soplido muchos de los avances del gobierno nacional y popular kirchnerista; esta situación deja en evidencia la atenuada redistribución de la riqueza. Por lo tanto las políticas públicas de la denominada década ganada -aun siendo plausibles- no resultaron ser estructurales y bajo un abordaje transversal de las problemáticas que aquejan a una nación semicolonial.

En casi dos años el Gobierno de Macri ha logrado reinstalar algo que ya enunciaba en su plataforma electoral: unir a los argentinos. Esta idea que parece ser aceptada sin mayor crítica y en base a una lógica de sentido común, significa en realidad el dominio de las clases poseedores sobre los excluidos. Una concepción que encierra la normalización y naturalización de la riqueza y su posesión originaria. Esta expresión de régimen político y Estado mantiene la idea de una “República” claramente dominada por instituciones que solo protegen y reproducen el denominado Estado capitalista. Un Estado que representa en sí mismo (y más en su variante neoliberal como netamente especulativo) el oligopolio e incluso el monopolio de la riqueza; al ser el capitalismo un sistema claramente desigualitario.

En efecto, según Feinmann: “Vamos a partir de la distinción, ya tradicional en ciencias sociales, entre lo político y la política. La esfera de lo político comprende, básicamente, al Estado en tanto superestructura jurídico-política de la sociedad. La esfera de la política comprende las prácticas de organización y movilización popular. Es característica básica del Estado Nacional Popular una subordinación de la primera instancia (lo político) a la segunda (la política).

Concretamente: el Estado Peronista baso su legitimidad de sus estructuras jurídicas y político-parlamentarias en las prácticas de organización y movilización del Pueblo, las cuales generaron un proyecto político que determino el sentido en que debían orientarse esas estructuras del Estado ”. A su vez según Abal medina: “Existe una tensión entre el respeto por los mecanismos institucionales democráticos, por un lado, y la importancia de los resultados igualadores de la democracia, por el otro ”. A estas tensiones y/o contradicciones algunos creen encontrar una síntesis en el denominado neo institucionalismo. Es decir combinando el respeto por las instituciones democráticas con la conducta de los actores sociales y políticos para evitar el conservadurismo institucional y el mero voluntarismo de los individuos.

En la actualidad nos vemos con gobiernos provinciales que claramente dicen tener y defender un proyecto o modelo de provincia en claro desmedro de una idea de país. Es decir su política y la consiguiente crisis de representación política (en crisis desde hace un buen tiempo) provincializa el fenómeno político y lo circunscribe al plano de la gestión. Gobiernos peronistas de gestión (Tucumán, Córdoba, Catamarca, La Pampa, etc.) que solo administran el Estado sin cuestionar lo político. Esto los lleva a posiciones centristas (donde se parecen bastante la centro izquierda y la centro derecha) y donde lo único que importa es cerrar las cuentas fiscales aun con una nación seriamente complicada. Sería bueno que estos dirigentes conocieran algo de las mentes más inteligentes del peronismo, como John William Cooke y Arturo Sampay (un exponente brillante del constitucionalismo popular y muestra clara de porque entre sus primeras medidas la revolución septembrina del 55 restauró la constitución del 53).

El pueblo como construcción histórica y política que busca su emancipación cultural debe traducirse en un movimiento nacional, democrático y popular que incluya a todas las fuerzas en aras de consensuar políticas públicas de fondo. Establecer una democracia radicalizada tal como sostiene Chantal Mouffe, dentro del sistema democrático aun cuando siempre lo político y la política tenga un carácter disociativo (conflictivo).

La aprobación ajustada de la reforma previsional y las protestas ciudadanas significaron un quiebre para el Gobierno nacional respecto al apoyo de la opinión pública; es decir se constituyó una demanda mayoritaria en contra de tal medida.

El problema es cómo lograr que estas demandas confluyan y se articulen (lógica equivalencial) en un significante vacío (Laclau). Parecería que la conducción vertical tradicional encuentra claros límites al por ejemplo no contar con un liderazgo que pueda canalizar y resolver todas las demandas internas.

Todo lo anteriormente dicho es un gran desafío no exento de muchos obstáculos, es nuestro deber como militantes pensar y llevar a cabo la fundamental tarea de liberación de la patria latinoamericana.

 

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