Entre el FMI, Macri y la oposición

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Por Ruiz Armando Damián (*)

El Fondo Monetario Internacional (FMI) es un organismo especializado de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuyo objetivo principal es brindar apoyo financiero a los países miembros que padecen déficits en su balanza de pagos (importaciones y exportaciones). El fin es evitar que no tomen medidas distorsivas que obstaculicen el libre comercio internacional. Estamos en presencia de un instrumento que bajo la concepción de aldea global (globalización y capitalismo financiero) mantiene las asimetrías existentes entre los países centrales y los países periféricos; entre los países industrializados y los países con economía primaria (división internacional del trabajo).

En este sentido el empréstito que pretende hacer el país con el FMI implica una serie de condicionalidades que involucran un serio y profundo ajuste estructural en los planos sociales, económicos, políticos, educativos, etc. por un tiempo bastante prolongado y que generan una alteración sustancial de la vida societal (ciudadanos). Un análisis realista y positivo del acuerdo en ciernes (Stand By) no debe realizarse bajo términos valorativos, como el de algunos funcionarios nacionales expresando la existencia de hay un FMI bueno o malo, sino entender cuáles son los intereses políticos en disputa.

El racionalismo, consensualismo y liberalismo (neo) del gobierno nacional expresa una concepción dominante de lo político al pregonar un Estado mínimo cuyo fin es garantizar la seguridad y la protección de la propiedad privada, dejando librado al “democrático” mercado los productos y servicios (trabajo, educación, salud, etc.). Esta postura presenta al menos tres problemas: 1- El mercado: tal como lo concibió la economía política clásica de Adam Smith no es igual a la neoliberal, donde se presentan verdaderas desigualdades y autoritarismos debido a los monopolios y oligopolios que representan un cáncer para el objetivo igualitario de la democracia; 2- El intervencionismo estatal: el leviatán hobbesiano está presente en el monopolio de la fuerza física, una represión material por medio de las fuerzas de seguridad tanto de las protestas como todo aquello que se aleje del capital simbólico dominante; 3- Un Estado capitalista estructuralmente desigualitario: el Estado capitalista (distintos grados de desarrollo estaduales) implica una distribución desigual de la riqueza que se manifiesta por ejemplo en la verdadera corrupción del régimen democrático (más ricos y más pobres).

El gobierno nacional pregona el institucionalismo, el apego a la ley, el racionalismo y el consenso como forma de valida y universal de entender la democracia. Una democracia formalista y minimalista que sigue amparada en igualdades y libertades abstractas y no materialmente realizables. A pesar de tal defensa el gobierno nacional tiene todos los caracteres del denominado populismo de derecha, a pesar que renieguen de tal categoría.

La falta de rendición de cuentas horizontal (entre los poderes legislativo, judicial y ejecutivo) y vertical (desde la sociedad hacia el gobierno) representa un menoscabo evidente del republicanismo e institucionalismo. Un ejemplo concreto de la falta de controles intrapoderes se manifestó en el proyecto de ley conocido popularmente como antitarifazo: en la cadena nacional el Presidente manifestó tajantemente que los gobernadores (peronistas en su mayoría) se oponían a la ley, esto demuestra una invasión manifiesta de las autonomías provinciales; además ordenaba al Congreso Nacional no tratar y menos aprobar un proyecto de ley que consideraba irresponsable, sin financiamiento y alejado de los intereses ciudadanos; también el presidente manifestó que la futura ley era inconstitucional, determinando que el control de constitucionalidad y convencionalidad debería tener tal carácter. Por otro lado la falta de control ciudadano se ve reflejado bajo el “esfuerzo compartido” que debemos realizar todos los argentinos para sincerar lo que era una economía populista que solo engañaba y generaba mayor pobreza.

También, la continua evocación a un pueblo (mayoritario) que quiere el cambio busca legitimar todas las medidas de ajuste estructural en lo económico y sociopolítico. Esto lo conduce a representar en su persona (Presidente Macri) el espíritu del futuro, la esperanza y los sueños de los argentinos y argentinas.

Respecto a la oposición, se encuentra inmersa en contradicciones para encauzar un proyecto contrahegemónico viable. Una oposición desmembrada sin un candidato que logre conducir estratégicamente un proceso político realmente opositor. Las causas de tal balcanización pueden rastrearse desde la última presidencia de Juan Domingo Perón, desde ese momento el  movimiento nacional y popular fue perdiendo identidad en lo político y su actividad política se ajustó al capitalismo dominante producto del resquebrajamiento del socialismo.

Para finalizar, podemos rastrear tres factores que inciden el plano político para predecir cuál será el resultado del proceso electoral que se avecina (2019): el contexto internacional (la “vuelta al mundo” por medio del FMI, donde argentina tiene poco que decir respecto a la política internacional), el propio gobierno nacional y la oposición peronista. Pareciera que de los tres factores, la elección depende exclusivamente de la agenda política del gobierno nacional para decidir la próxima elección. Lo que resta saber es el impacto de todas estas medidas en cada una de las provincias y principalmente en una ciudadanía cada vez más frágil y empobrecida.

(*) Abogado y Profesor en Ciencia Política, Santa María – Catamarca

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