Es la política, estupidos !

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(*) Armando Damian Ruiz

Un análisis básico de la política argentina suele iniciarse con un esquema elemental de rasgos binarios. Existe por un lado una tradición republicana, civilista o liberal que se considera protectora de las instituciones, la división de poderes y las libertades individuales. A esta primera tradición, se suelen adscribir el radicalismo, el conservadurismo e incluso los sectores oligárquicos y militares. La otra tradición es la denominada populista, que se caracteriza por ser distribucionista, democrática y popular. En esta tradición, encontramos al Peronismo clásico, Yrigoyenismo, Kirchnerismo, etc. Ambas tradiciones se manifiestan tanto desde lo discursivo y como de una exteriorización de diversas formas en diferentes gobiernos nacionales y provinciales, respecto a la praxis y/o actividad política.
Este esquema binario de rasgos básicos, carece de explicaciones predictivas o configurativas de la compleja “real politik” argentina. El esquema se contrasta con la realidad argentina, que en algunos casos suele tener profundos cimientos ideológicos o doctrinarios, en otros casos un pragmatismo provoca saltos de ideológicos “pragmáticos” de (re) acomodamiento en el espectro político y también una hibridación de ambos componentes.

En la actualidad, nos vemos con espacios políticos que variaron sus posicionamientos políticos, desde el extremo ideológico (polarización) hacia el denominado “centro”. La formula Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner es un ejemplo de este fenómeno centrípeta hacia el centro, pero la fórmula presidencial oficialista (Mauricio Macri – Miguel Pichetto) que también en un momento querían posicionarse en el centro, ahora polarizan (centrifuga) de nuevo la disputa electoral no desde el punto de vista ideológico o conceptual, sino desde un pragmatismo con fines netamente electoralista. Es lo que el candidato a Vicepresidente denomino: “Republica o Autoritarismo Populista”. Esta situación presenta a todas luces y en forma evidente estrategias y tácticas concretas para intentar captar la mayor cantidad de electorado, en pos de poder triunfar en las elecciones ejecutivas (también legislativas) nacionales.

Una cuestión técnica, propiciada entre otros por el marketing electoral para las campañas electorales y que representa un desmedro del denominado Ethos Cultural.
Lo último significa, que no se encuentran divergencias profundas o conflictivas entre los diferentes proyectos programáticos respecto a lo político donde lo teleológico sea contraponer proyectos hegemónicos con sus respectivos proyectos contrahegemónicos.

La centralidad que asume la economía en ambas fórmulas presidenciales, deja de discutir los temas centrales sobre los proyectos políticos, sociales y culturales que se proponen para nuestro país. Resulta claro y notorio, el deterioro económico sufrido por buena parte de la sociedad argentina y la consiguiente concentración en pocas manos de los beneficios particulares; la economía tiene un eje importante en la vida de los/las argentino/as, pero no todo se explica y comprende desde esta esfera y/o dimensión. A nuestro entender restringir la problemática política al economicismo, representa un error de diagnóstico.

Por otro lado, la problemática planteada también se manifiesta en la denominada política circunscripta a los “dirigentes”, que hace poco o nada respecto a lograr una representación sustantiva de las diversas ciudadanías presentes en nuestra joven democracia, cuyo rasgo esencial es la pluralidad cultural.

Consideramos en forma contundente y tajante que se debe poner fin a esta experiencia neoliberal o conservadora liberal, que claramente afectó y destruyó el tejido social y cultural (ethos) de nuestro país y que dejara una verdadera pesada herencia sin precedentes. Nuestro país ha perdido su soberanía política y económica a manos de los Organismos Internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, y esto genera una lógica de exclusión y del sálvese quien pueda (meritocracia exacerbada), que destruye la idea de comunidad o de colectividad argentina.

La política en nuestra concepción es conceptualmente y vitalmente el conflicto y no los tan desgastados y trillados “consensos, acuerdos y la unidad nacional”. Por supuesto que deben existir acuerdos en la actividad política, para generar gobernabilidad y estabilidad política, pero esto no debe ir en desmedro de agonizar proyectos diferentes sustantivos y no simplemente formales, para nuestra nación como integrante fundamental de la Gran Nación Latinoamérica.

(*) Profesor en Ciencia Política y Abogado

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