La ONG Amalona gestiona la asistencia de 500 refugiados en el Líbano

INTERNACIONALES23/03/2026Redacción Primeras líneasRedacción Primeras líneas

En un contexto de extrema fragilidad, el Líbano enfrenta hoy una realidad devastadora que pone a prueba la capacidad de respuesta de las organizaciones civiles. Mientras el panorama internacional observa con cautela la suspensión de los ataques estratégicos por cinco días en Irán, la crisis humanitaria en territorio libanés no se detiene. Los centros de refugiados en Beirut y sus localidades cercanas no cesan de recibir a cientos de personas que intentan sobrevivir a la crueldad del conflicto, buscando un sitio seguro tras los constantes ataques desde Israel.

El centro de acogida en Sidón

La ONG Amalona, bajo la dirección de su presidente Hamed Abouzahr, ha levantado un espacio de asistencia crítica en la ciudad de Sidón, ubicada a 40 kilómetros de Beirut. El lugar elegido para esta misión es un expalacio de Justicia, donde diversas organizaciones colaboran de manera estrecha para intentar cubrir las necesidades mínimas de quienes llegan tras haber perdido sus hogares en el sur del país. La dinámica diaria dentro del centro refleja la magnitud del desplazamiento, ya que cerca de 450 personas conviven en las instalaciones durante la jornada diurna. Sin embargo, al caer el sol, la cifra de vulnerabilidad aumenta y alcanza los 500 refugiados que ingresan para pernoctar en el patio del recinto. Al amanecer, la rutina se repite cuando muchos de los desplazados abandonan temporalmente el predio para salir en busca de cualquier oportunidad de trabajo que les permita subsistir.

Relato del despojo y la incertidumbre

Hamed Abouzahr, cuya organización ya ha intervenido en tres guerras previas, describió la situación actual ante las cámaras de TN como una tragedia de voluntad forzada. El presidente de la ONG afirmó que la gente se está marchando contra su deseo porque no tiene otra opción, viéndose obligada a aceptar pésimas condiciones de vida. El directivo subrayó con preocupación que el problema más grave no es solo el presente, sino el futuro incierto, dado que el conflicto bélico ha dejado ciudades destruidas e inhabitables a las que difícilmente podrán regresar.

La precariedad dentro del antiguo tribunal es absoluta y alarmante. Al no contar con camas suficientes para la demanda existente, los refugiados deben utilizar carpas pequeñas en las que llegan a convivir hasta seis personas de forma simultánea. Esta falta crítica de espacio físico obliga a que muchos de los asistentes deban turnarse para dormir por franjas horarias preestablecidas. Aunque el personal de la ONG y diversas asociaciones preparan viandas diariamente, los recursos alimenticios suelen ser insuficientes para la cantidad de personas que llegan pidiendo ayuda, lo que obliga a la organización a solicitar constantemente donaciones externas.

Grupos de riesgo y condiciones críticas

El espectro de los refugiados en Sidón es amplio y conmovedor, ya que el centro recibe desde recién nacidos hasta adultos mayores, incluyendo a personas con discapacidades cuyas familias carecen de medios para asistirlos tras haberlo perdido todo. La situación de los menores es especialmente delicada en este escenario de guerra. Actualmente, el refugio alberga a tres niños recién nacidos y a una nena de meses de vida. En un caso reciente, una madre debió ser hospitalizada de urgencia debido a un cuadro de fiebre alta, dejando a su bebé al cuidado de los voluntarios y de una niña de 13 años que colabora activamente en las tareas de asistencia. A estas carencias se suma la amenaza constante a la seguridad por el sobrevuelo de drones en la zona, lo que genera un temor persistente ante la posibilidad de que se produzcan víctimas colaterales en cualquier momento del día.

Logística de asistencia y colaboración

Para sostener esta compleja estructura humana, los voluntarios de Amalona trabajan en turnos de 24 horas ininterrumpidas. Sus tareas abarcan la administración de alimentos, la guía de los recién llegados, el control de los registros internos y la gestión de medicamentos esenciales para los enfermos. En un ambiente donde la privacidad es mínima, la convivencia forzada con desconocidos es la única norma posible para quienes huyeron dejando atrás sus recuerdos, sus pertenencias y hasta su oro. Para continuar con esta labor humanitaria, la organización requiere de la solidaridad externa mediante donaciones de dinero procesadas a través de servicios como Wish Money o Western Union. Asimismo, se necesitan con urgencia insumos de uso cotidiano como ropa, sábanas y toallas. La vía de comunicación oficial para coordinar estas ayudas es el perfil de Instagram @aamalouna.

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