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Redacción Primeras líneasHan pasado 40 años desde una de las jornadas más recordadas de la historia de los Mundiales. El 2-1 de Argentina sobre Inglaterra en los cuartos de final de México 1986 trascendió el resultado deportivo para convertirse en un acontecimiento que permanece vigente en la memoria colectiva de generaciones enteras.
Aquel partido disputado en el Estadio Azteca quedó asociado para siempre a dos acciones protagonizadas por Diego Armando Maradona que, aunque completamente diferentes entre sí, terminaron construyendo una misma leyenda. Una estuvo marcada por la controversia, la astucia y la discusión eterna. La otra fue considerada por gran parte del mundo como la máxima obra de arte que entregó una Copa del Mundo.
La combinación de ambas jugadas, ocurridas con apenas cuatro minutos de diferencia, transformó aquella tarde en una de las más extraordinarias y contradictorias que haya ofrecido el fútbol internacional.


La polémica eterna de "la mano de Dios"
Uno de los testimonios que aún recuerdan aquella jornada es el de Luke Betts, periodista canadiense e hijo de ingleses, quien estuvo presente en el estadio y asegura que nunca pudo aceptar el primer gol argentino.
"En el Azteca, todos vimos la mano de Maradona, menos quien debía verla (el árbitro)", recordó. Betts relató que observó la acción desde uno de los laterales del campo de juego y que, pese a la distancia, pudo advertir claramente el contacto de la mano de Diego antes de que la pelota ingresara al arco defendido por Peter Shilton.
"Estuve en la cancha, en un lateral, y a pesar de estar lejos, vi perfectamente que hizo el gol con la mano. Nos miramos todos y no podíamos creer que el juez lo convalidara", contó el periodista.
Aquella jugada, conocida mundialmente como "la mano de Dios", permitió que Argentina abriera el marcador y comenzara a encaminar una victoria que terminaría siendo histórica.
Cuatro minutos después llegó la inmortalidad
Sin embargo, para muchos observadores, la discusión sobre el primer gol suele dejar en segundo plano lo que ocurrió apenas unos minutos más tarde. Diego tomó la pelota en campo propio y protagonizó una corrida inolvidable que terminó convirtiéndose en una de las jugadas más emblemáticas de la historia del deporte. La secuencia incluyó una apilada memorable y una sucesión de gambetas que le permitieron dejar en el camino a gran parte del equipo inglés antes de definir ante el arquero.
La magnitud de aquella acción fue tan grande que muchos consideran que ese gol merecía una valoración aún mayor que cualquier otra conquista. Según recuerda el texto, aquella jugada "bien pudo computarse como doble".
El tiempo no hizo más que consolidar esa percepción. A cuarenta años de distancia, la imagen continúa reproduciéndose en todo el planeta y sigue siendo presentada como la obra maestra de los Mundiales.
El contexto que convirtió al gol en una pieza única
La diferencia entre ese gol y otras grandes conquistas de la historia, según se plantea en el recuerdo de aquella jornada, estuvo en el contexto en el que se produjo.
No se trató solamente de una extraordinaria demostración de talento individual. La jugada ocurrió en un Mundial, en un partido eliminatorio y frente a Inglaterra. Además, el encuentro se disputó apenas cuatro años después de la guerra de Malvinas y frente a un rival con el que Argentina mantenía antecedentes cargados de tensión deportiva desde el Mundial de 1966, cuando los ingleses se impusieron en una instancia similar y bajo cuestionamientos que aún permanecían en la memoria futbolística.
Todos esos elementos terminaron potenciando el significado de una acción que trascendió ampliamente los límites de una simple jugada de fútbol.
Un reconocimiento que atravesó fronteras
La vigencia del gol continúa observándose en distintos rincones del mundo. El recuerdo de aquella obra maestra incluso motiva actividades conmemorativas fuera de Argentina. En Montreal, Canadá, el espacio cultural Espace Amalgame organizó para este lunes un evento especial dedicado a recordar el aniversario del gol convertido en el Azteca.
La actividad cuenta además con la adhesión de la colectividad napolitana de la ciudad y una muestra de recuerdos vinculados a Diego Maradona. Entre quienes participan de la iniciativa se encuentra Livia Magnani, una cordobesa radicada en Canadá desde hace 15 años, quien aseguró sentirse atraída por la posibilidad de homenajear aquella jugada.
"No soy una fanática del fútbol, pero sí de las grandes obras de arte", sostuvo. Para Magnani, la acción protagonizada por Maradona representa precisamente eso: una obra maestra capaz de generar emociones más allá del deporte.
La organizadora también recordó que anteriormente impulsó actividades relacionadas con otro símbolo argentino universal: Mafalda, la creación de Quino.
Maradona, Messi y la trascendencia argentina
Durante la conmemoración, Magnani también destacó el valor simbólico que representan Diego Maradona y Lionel Messi para la imagen internacional de Argentina.
Según expresó, ambos surgieron de contextos adversos y lograron transformarse en figuras admiradas a nivel global gracias a su capacidad de superación. La referencia a Messi también aparece vinculada al propio legado de Maradona. En 2007, el entonces futbolista del Barcelona convirtió ante Getafe un gol muy similar al de México 1986, una jugada que fue interpretada como una especie de homenaje a su ilustre antecesor.
El mejor gol de la historia de los Mundiales
La trascendencia de la conquista quedó ratificada oficialmente en 2002, cuando una encuesta realizada por el sitio oficial de la FIFA y auspiciada por una multinacional cervecera eligió el tanto como "el Mejor Gol en la Historia de la Copa Mundial de Fútbol".
La denominación no hizo más que consolidar una percepción ampliamente instalada desde hacía años. Aquella corrida de aproximadamente 50 metros y poco más de ocho segundos reunió una serie de virtudes que siguen siendo destacadas cuatro décadas después:
• Destreza.
• Habilidad.
• Cambio de ritmo.
• Dominio de la pelota.
• Definición.
El relato de Víctor Hugo Morales terminó inmortalizando aún más la escena cuando definió a Maradona como un "barrilete cósmico", una expresión que quedó asociada para siempre a aquella obra maestra.
Cuarenta años después, el doblete frente a Inglaterra sigue ocupando un lugar único en la historia del fútbol. La polémica de la mano y la perfección del segundo gol continúan formando parte de una misma narración que convirtió a Diego Maradona en protagonista de una de las tardes más memorables que haya entregado una Copa del Mundo.

































