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Primeras LíneasLa muerte de Jorge Fernando "Locomotora" Castro, conocido popularmente como el "Roña", vuelve a poner en primer plano el vínculo profundo que el excampeón mundial de boxeo mantuvo con Catamarca. Aunque nació en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, el 18 de agosto de 1967, sus raíces familiares estaban en territorio catamarqueño y una parte importante de su infancia transcurrió en Fiambalá, localidad que quedó ligada a algunos de los recuerdos más difíciles de su vida.
El fallecimiento del histórico deportista, ocurrido este miércoles a los 59 años, en Buenos Aires, generó dolor en la comunidad catamarqueña, que a lo largo de los años lo recibió con afecto y lo consideró un hijo adoptivo de la provincia. Su historia estuvo marcada por dos etapas muy diferentes: una niñez atravesada por la vulnerabilidad y las dificultades familiares, y un regreso posterior, ya consagrado en el deporte, que le permitió reencontrarse con sus orígenes y compartir su trayectoria con la gente.
Con el paso del tiempo, Castro volvió a Catamarca en distintas oportunidades, participó de encuentros institucionales, recibió reconocimientos y se involucró en iniciativas vinculadas con el desarrollo del boxeo. En esos viajes también recuperó recuerdos de su infancia y reafirmó el lugar que la provincia ocupaba en su historia personal.


Una infancia difícil en Fiambalá
Tras la separación de sus padres, Castro se trasladó junto a uno de sus hermanos a Catamarca para vivir con su padre. Fue durante esa etapa cuando conoció situaciones de extrema vulnerabilidad, marcadas por la pobreza, el hambre, el frío y la violencia familiar.
Según relató el propio boxeador en distintas entrevistas, su padre atravesaba un severo problema de alcoholismo y ejercía maltratos físicos constantes sobre sus hijos. La falta de cuidados y las condiciones en las que vivían hicieron que la infancia en Fiambalá quedara asociada a experiencias dolorosas.
Ante la situación que atravesaban los chicos, su madre decidió intervenir. Viajó desde el sur del país para rescatarlos y llevarlos de regreso a la Patagonia, en un intento por alejarlos de aquel entorno.
Sin embargo, los conflictos familiares no terminaron allí. A los 15 años, Castro protagonizó otro episodio de violencia con su padre, al que enfrentó para defenderse de una nueva agresión. Después de ese hecho, abandonó el hogar.
A pesar de la dureza de aquellas vivencias, con el paso de los años logró reconciliarse con su padre antes de su fallecimiento. Ese reencuentro formó parte de una historia personal compleja, en la que los recuerdos de sufrimiento convivieron con la posibilidad de recomponer vínculos familiares.
De los recuerdos dolorosos al orgullo por sus raíces
Aunque su nacimiento y buena parte de su vida estuvieron vinculados con Santa Cruz y otros lugares del país, Castro nunca dejó de reconocer sus raíces catamarqueñas. Fiambalá representó una parte importante de su historia, no solo por las experiencias que atravesó durante la niñez, sino también por el vínculo afectivo que mantuvo con la provincia en su vida adulta.
Con los años, el excampeón mundial transformó parte de sus experiencias personales en una motivación para ayudar a otras personas. Después de su retiro del boxeo, dedicó esfuerzos a iniciativas sociales orientadas a acompañar a chicos y familias en situación de vulnerabilidad, mediante comedores y merenderos.
Esa faceta solidaria se sumó a su identidad deportiva y a la cercanía que buscaba mantener con la gente. En Catamarca, sus visitas eran recibidas con muestras de cariño y reconocimiento, mientras él volvía sobre sus recuerdos de infancia y expresaba el afecto que conservaba por Fiambalá.
La relación con la provincia fue así más allá de sus antecedentes familiares. Se convirtió en un lazo que recuperó fuerza durante sus últimos años, cuando regresó para participar de actividades institucionales y acompañar propuestas destinadas a mantener vivo el boxeo.
El regreso como campeón mundial
Décadas después de aquella infancia en Catamarca, Castro volvió a relacionarse con la provincia desde otro lugar: el de un deportista reconocido internacionalmente, con una trayectoria que lo había convertido en uno de los nombres más populares del boxeo argentino.
En febrero de 2025 visitó la Casa de Catamarca en Buenos Aires, donde mantuvo una reunión con la secretaria de la institución, Anina Moscone. Durante ese encuentro recordó sus vivencias de infancia y el vínculo que conservaba con la provincia.
Días más tarde viajó a Catamarca para reunirse con el secretario de Deportes y Recreación, Guillermo Perna. La visita formó parte de una serie de actividades que volvieron a acercarlo a la comunidad catamarqueña y a referentes del ámbito deportivo.
En febrero de ese mismo año, el "Roña" también visitó la capital provincial para anunciar un festival boxístico y repasar distintos momentos de su carrera. Sin embargo, el objetivo central de aquella llegada no era buscar protagonismo personal, sino homenajear a un amigo y colega que compartía con él la condición de excampeón mundial.
Se trataba de Hugo Rafael Soto, el boxeador catamarqueño al que Castro quería reconocer. El homenaje constituyó uno de los motivos principales de su presencia en la provincia y permitió reunir su trayectoria internacional con el reconocimiento a una figura vinculada directamente con el deporte local.
Un huésped de honor que regresó a su tierra
La relación de Castro con Catamarca también quedó expresada en el reconocimiento que recibió en Fiambalá, donde fue distinguido como Huésped de Honor. La distinción reflejó el afecto que la localidad conservaba por el exboxeador y la importancia de su historia familiar en ese territorio.
En sus últimas visitas oficiales, entre ellas la realizada en 2025 para el lanzamiento de un homenaje boxístico, Castro brindó entrevistas a medios locales en las que repasó su trayectoria, recordó a la gente de Fiambalá y habló de la huella que la provincia había dejado en su vida.
Aquellos encuentros permitieron recuperar una dimensión de su historia que iba más allá de los títulos deportivos. Para la comunidad catamarqueña, su figura estaba asociada tanto a sus logros sobre el ring como a sus raíces y a la manera en que volvió a acercarse a la provincia después de haber alcanzado reconocimiento internacional.
El regreso también mostró la continuidad de un vínculo que no se había perdido pese al paso del tiempo y a los años transcurridos desde su infancia. Castro volvió a Catamarca para compartir recuerdos, participar de actividades deportivas y acompañar homenajes, manteniendo presente el lugar donde había vivido una parte decisiva de sus primeros años.
El boxeo como legado y herramienta de ayuda
La historia del "Roña" Castro estuvo atravesada por diferentes etapas: la infancia difícil en Fiambalá, el traslado de regreso a la Patagonia, el comienzo de su carrera profesional y la consagración como campeón mundial. Más adelante, sus regresos a Catamarca le permitieron recuperar vínculos con su pasado y participar de iniciativas relacionadas con el deporte.
Su compromiso con proyectos sociales también ocupó un lugar importante después de su retiro. A través de comedores y merenderos destinados a chicos vulnerables, buscó ayudar a personas que atravesaban situaciones de necesidad, en una faceta que acompañó su identidad pública como deportista.
En Catamarca, ese recorrido fue recibido con muestras de afecto. La provincia le devolvió en cada visita el reconocimiento de una comunidad que lo consideraba parte de su propia historia, mientras Castro evocaba con cariño a la gente de Fiambalá y reivindicaba sus raíces.
Su fallecimiento, a los 59 años, vuelve a poner en perspectiva ese vínculo. Aunque su nombre quedó asociado a los grandes combates del boxeo argentino, su historia con Catamarca estuvo construida también a partir de recuerdos familiares, experiencias dolorosas, reencuentros y proyectos destinados a otras personas.





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de de una decisión del Poder Ejecutivo.


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