La importancia de extender la mano

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Recientemente, en una magnífica muestra de resiliencia y voluntad un jovencito catamarqueño se consagró Campeón de Ciclismo de Ruta, en la provincia de San Luis.

Sebastián Coronel, el campeón, tiene 13 años.  Eligió desde muy pequeño al ciclismo como su deporte preferido y fue desarrollando una habilidad innata y dando muestras de una notable condición natural en el deporte de dos ruedas.

Con el transcurso del tiempo Sebastián fue descubriendo su interés por participar en competencias, sin embargo su realidad no era la más propicia. Proviene de un hogar humilde, del Barrio Santa Marta,  donde sus padres,  trabajadores ellos, luchan día a día para dar lo mínimo indispensable a sus 8 hijos, lo que hace prácticamente imposible que puedan comprarle la bicicleta que necesita para competir.

Sin embargo, y más allá de no haber podido participar por este motivo en dos carreras, la vida cruzó en su camino a Gustavo Bazán, un dirigente político y también deportista, que pudo reconocer las condiciones de este niño y se puso a su disposición. 

En principio le cedió su propia bicicleta para que pudiera entrenar y ya comprometido con la tarea de Sebastián lo trasladó hacia la ciudad de San Luis para completar allí su entrenamiento y finalmente competir,  alzándose con el título de Campeón Argentino de Ciclismo de Ruta.

Los hechos son una muestra real de que el involucrarse y comprometerse activamente con jóvenes que tienen sueños y aspiraciones de hacerlos realidad es un paso trascendental para abrirles el camino y permitirles transformar sueños lejanos en una gloriosa realidad.

Comerciantes y funcionarios deberían también aportar su granito de arena y tratar de que el campeón tenga su bici propia. Sería un merecido premio a su esfuerzo.

Ojalá surjan muchos Sebastián más, muchos Gustavos  más,  para que los niños recuperen su capacidad de soñar y los grandes,  la esperanza en un mundo un poquito mejor.

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