Descubren en una cueva una bacteria de 5.000 años resistente a diez antibióticos modernos

INFORMACIÓN GENERAL 17/02/2026Redacción Primeras líneasRedacción Primeras líneas
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Una bacteria congelada durante unos 5.000 años fue hallada en una cueva de hielo de Rumanía y sorprendió a la comunidad científica por una característica inquietante: es resistente a diez antibióticos modernos. El descubrimiento, que también podría abrir la puerta a nuevos desarrollos médicos, fue realizado en la cueva de Scarisoara, uno de los sistemas subterráneos más antiguos y estudiados de Europa.

La cepa bacteriana, denominada Psychrobacter SC65A.3, fue identificada en un núcleo de hielo extraído a 25 metros de profundidad en la zona conocida como la Gran Sala de la cueva. Este sector representa una línea temporal de aproximadamente 13.000 años, lo que permitió a los científicos analizar microorganismos atrapados en distintas etapas de la historia climática del planeta.

Según el estudio publicado en la revista científica Frontiers in Microbiology, la bacteria muestra resistencia a diez antibióticos de uso frecuente en la actualidad. Entre ellos se encuentran la rifampicina, la vancomicina y la ciprofloxacina, fármacos ampliamente utilizados en tratamientos orales e inyectables contra diversas infecciones.

El equipo científico, integrado por especialistas de la Academia Rumana, secuenció el genoma completo de la cepa y detectó más de un centenar de genes vinculados a la resistencia antimicrobiana. Este perfil sugiere que microorganismos adaptados a ambientes extremos y fríos podrían funcionar como reservorios naturales de genes que permiten a las bacterias sobrevivir frente a medicamentos modernos.

La investigadora Cristina Purcarea, una de las autoras del trabajo, explicó que estos microorganismos producen enzimas y compuestos antimicrobianos "únicos que podrían inspirar nuevos antibióticos, enzimas industriales y otras innovaciones biotecnológicas". En este sentido, el hallazgo no solo plantea un desafío sanitario global, sino que también abre una oportunidad científica.

Además de su resistencia, la cepa demostró capacidad para inhibir el crecimiento de otras bacterias, incluidas superbacterias resistentes a antibióticos. El análisis genómico reveló once genes con potencial para detener o eliminar bacterias, hongos y virus, una propiedad que cobra relevancia en un contexto mundial donde la resistencia antimicrobiana es considerada una de las mayores amenazas para la salud pública.

Genes y preocupación

Los investigadores también identificaron cerca de 600 genes con funciones aún desconocidas, lo que sugiere que este microorganismo podría ser una fuente inexplorada de nuevos mecanismos biológicos y aplicaciones tecnológicas. En particular, el potencial enzimático de la cepa podría resultar útil en procesos industriales que requieren compuestos activos en condiciones de frío extremo.

Sin embargo, el descubrimiento también despierta preocupación. Los científicos advierten que el deshielo progresivo —producto del cambio climático— podría liberar microorganismos antiguos y permitir que sus genes de resistencia se transfieran a bacterias contemporáneas. Este escenario podría agravar la crisis global de resistencia a los antibióticos, un fenómeno que ya complica tratamientos médicos en todo el mundo.

Las cuevas de hielo, como la de Scarisoara, albergan una gran diversidad microbiana aún poco explorada. Estos entornos extremos constituyen verdaderos archivos biológicos que permiten estudiar la evolución natural de los microorganismos y comprender cómo se desarrollaron mecanismos de supervivencia mucho antes del uso humano de antibióticos.

"Estas bacterias antiguas son esenciales para la ciencia y la medicina", subrayó Purcarea, quien remarcó la necesidad de manipularlas con extrema precaución en laboratorio. Según la especialista, es fundamental aplicar estrictas medidas de seguridad para evitar cualquier propagación no controlada de estos microorganismos o de sus genes de resistencia.

El hallazgo refuerza la idea de que la naturaleza ha sido, desde mucho antes de la medicina moderna, un escenario clave en la evolución de la resistencia bacteriana. Al mismo tiempo, invita a la comunidad científica a explorar genomas antiguos como una herramienta para comprender y enfrentar uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI.

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