El Superior Tribunal de Justicia de San Luis ratificó la condena a prisión perpetua para Marina Silva, ex policía que en 2024 asesinó a sus dos hijos, Sofía Mía Ojeda Silva, de 7 años, y Bautista Silva Funes, de 2. La sentencia fue dictada un año después de los crímenes, confirmando la pena máxima por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía, en dos hechos, en concurso real.
Ratificaron la prisión perpetua para una ex policía que asesinó a sus dos hijos

Redacción Primeras líneasEl tribunal hizo público el dictamen tras desestimar el recurso de apelación presentado por la defensa de Silva. Durante el juicio, la abogada Agustina Tobares argumentó que su clienta padecía un cuadro de profunda afectación psicológica debido a años de violencia de género, problemas económicos y un estado depresivo severo al momento de los asesinatos.
Según el medio El Chorrillero, el tribunal cuestionó la valoración de una pericia psicológica y psiquiátrica realizada por profesionales de Tucumán, quienes indicaron que Silva presentaba un trastorno depresivo grave con ideación suicida y que, en el momento de los hechos, atravesaba un proceso conocido como "suicidio ampliado", convencida de que estaba protegiendo a sus hijos de un futuro devastador.
A pesar de las circunstancias personales de la acusada, el Tribunal Superior determinó que había sido víctima de violencia verbal, psicológica, física, sexual y económica en relaciones anteriores, pero que esto no justificaba una reducción de la pena.
El veredicto fue emitido el 22 de octubre del año pasado por los jueces Adriana Lucero Alfonso (presidenta), Ariel Parrillis y Eugenia Zabala Chacur (vocales), quienes escucharon los alegatos finales y llevaron a cabo la audiencia de cesura de juicio. Se comprobó que Silva había planificado el crimen, actuando en la madrugada del 1° de octubre de 2024 para evitar la intervención de terceros, mientras las víctimas dormían.
Las autopsias revelaron que cada niño recibió dos disparos: uno en el pecho, a la altura del corazón, y otro en la cabeza, a escasos centímetros de la oreja, lo que provocó su muerte inmediata. La investigación determinó que Silva utilizó una garrafa para adormecer a los niños, disparó al colchón para probar su arma, y luego cubrió sus rostros con almohadas antes de dispararles a quemarropa.
Tras cometer el crimen, dejó una carta de despedida en la que expresaba sus deudas, pedía perdón a su familia y afirmaba que no quería que sus hijos "fueran una carga". Además, colocó carteles en las puertas de su casa advirtiendo a los que llegaran que no entraran.

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