
Catamarca volvió a temblar durante la madrugada de hoy: el sismo fue de 4,5


Redacción Primeras líneasLa transición demográfica argentina ya es inevitable e irreversible. Esa fue una de las principales conclusiones que surgieron durante un encuentro que reunió a profesionales de la salud, investigadores y funcionarios en el auditorio de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad del Salvador (USAL). El proceso está determinado por dos movimientos simultáneos: el aumento de la expectativa de vida y una marcada reducción de la natalidad durante la última década.
"La pregunta no es si la Argentina va a envejecer. Ya lo hizo", afirmaron durante las presentaciones realizadas en la jornada convocada por la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Ciencias Médicas y por la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la USAL.
El mes pasado, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) y el Ministerio de Salud nacional habían presentado un informe conjunto sobre el "rápido envejecimiento poblacional". El documento comparó las pirámides poblacionales correspondientes a 2010 y 2022 y proyectó su evolución durante la próxima década y media, con consecuencias sociales, económicas y sanitarias.


Según el informe, la base de la pirámide poblacional se reduce significativamente como consecuencia de la caída de la fecundidad. Al mismo tiempo, se estrechan los grupos más jóvenes, especialmente hasta los 30-34 años, mientras aumenta la participación relativa de las personas mayores.
Las proyecciones hacia 2040 profundizan esa tendencia, con nuevas reducciones en los grupos de 0 a 24 años y un incremento sostenido de los adultos y adultos mayores.
Un proceso que avanza a diferentes velocidades
El envejecimiento no se manifiesta de la misma manera en todo el territorio. Mientras algunas regiones atraviesan una transición demográfica avanzada, otras todavía mantienen una estructura poblacional con mayor presencia de niños y jóvenes.
En la ciudad de Buenos Aires, los mayores de 65 años ya superan a los menores de 15, una situación caracterizada como de transición demográfica avanzada. En el centro del país, integrado por Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa y Mendoza, existen entre 45 y 60 adultos mayores por cada 100 menores de 15, lo que corresponde a una transición intermedia.
En el norte y la Patagonia, en cambio, la proporción de chicos y jóvenes respecto de los mayores todavía es "alta" en comparación con el resto del país, en un escenario definido como de transición temprana.
Incluso frente a un eventual repunte de los nacimientos hacia mediados de la década de 2030, atribuido por estimaciones nacionales a la maternidad postergada actualmente, el panorama general no cambiaría sustancialmente. La tasa global de fecundidad proyectada para 2040 sería de 1,4 hijos por mujer.
"Aun con cierta recuperación, es muy improbable que vuelva a alcanzar el nivel de reemplazo [generacional]", pronosticó el informe oficial.
Educación, trabajo y cambios en la maternidad
Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y directora para la región de la Federación Internacional sobre el Envejecimiento, una ONG con estatus consultivo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sostuvo que el fenómeno no comenzó ahora.
"El cambio demográfico empezó hace décadas. Estamos viendo sus efectos", afirmó durante la jornada. Bianco vinculó la irreversibilidad del proceso con la caída de la fecundidad y con las mayores posibilidades alcanzadas por las mujeres. Entre los factores mencionó el acceso a más educación, el incremento de la inserción profesional, el matrimonio a edades más avanzadas y la postergación de la maternidad.
A esos cambios sumó la disminución de la mortalidad infantil en todos los niveles socioeconómicos y la reducción del embarazo adolescente.
"Esto no tiene vuelta atrás", agregó. Santiago Poy, sociólogo, investigador asistente del Conicet y vicerrector de Investigación del Instituto Universitario CIAS, resumió el escenario con una proyección hacia una sociedad con menos hijos por adulto. "Vamos, definitivamente, a una sociedad con menos hijos por adulto", opinó.
Para Poy, el desafío consiste en determinar cómo transformar este cambio en algo positivo.
Un punto de inflexión hacia 2046 y 2050
Durante la jornada de la USAL, Mario Glanc, cardiólogo y director académico del Instituto de Política, Economía y Gestión en Salud (Ipegsa), presentó los resultados de un ejercicio realizado con una herramienta de predicción demográfica. El resultado coincidió en buena medida con el informe oficial. El entrecruzamiento de datos poblacionales del Indec y datos previsionales de la Anses ubicó alrededor de 2050 el momento en el que se cruzarían la caída de los nacimientos y el aumento de las defunciones, si se mantiene una tendencia que Glanc consideró "inevitable".
En 2046, dentro de 20 años, los mayores de 65 años superarían en número a los menores de 15.
Glanc advirtió especialmente sobre las consecuencias previsionales de este proceso, sobre todo para los sistemas contributivos como el argentino. Frente a ese escenario, planteó trabajar sobre la natalidad, la infancia y las migraciones. "11,3 millones de argentinos que van a tener 65 años o más en 2100 ya nacieron", señaló. Y volvió a insistir: "La pregunta no es si la Argentina va a envejecer. Ya lo hizo".
Carlos Regazzoni, director del Instituto de Salud Global de la Universidad Kennedy y exdirector ejecutivo del PAMI, coincidió con el diagnóstico y aportó otra referencia temporal. "Más de la mitad de los chicos que están hoy en un aula de primer grado va a celebrar el Año Nuevo en 2100", sostuvo.
Para Regazzoni, la magnitud de esa proyección vuelve urgente que el país preste atención a la transición demográfica.
Envejecer no es una enfermedad
A sus 85 años, Mabel Bianco también puso el foco en la necesidad de evitar que la vejez sea considerada una enfermedad. "La vejez no es una enfermedad", insistió. Su planteo se vinculó con una población que continúa trabajando, criando nietos y demandando nuevos cuidados, en paralelo con otra transformación: la transición epidemiológica, caracterizada por un mayor peso de las enfermedades crónicas no transmisibles.
Bianco remarcó que no todo puede quedar en manos del Estado, aunque señaló que es responsabilidad estatal diseñar y controlar las políticas públicas. Al mismo tiempo, destacó el papel que puede desempeñar la ciudadanía en este proceso. El costo del envejecimiento también fue señalado durante la jornada. Regazzoni había advertido minutos antes que envejecer es "carísimo", especialmente porque a partir de los 60 años el mayor gasto se concentra justamente en salud.
Ese costo no se limita a los medicamentos. Mantener una buena calidad de vida puede requerir anteojos, audífonos, dentadura postiza, cirugía de cataratas o reemplazo de cadera, entre otras prestaciones.
De una medicina reactiva a una preventiva
Germán de la Llave, médico geriatra y deportólogo, consideró fundamental "reconfigurar" el sistema de atención frente al nuevo escenario demográfico. Su propuesta pone el acento en la prevención y en una red de prestaciones en el primer nivel de atención, con teleasistencia y cuidados a largo plazo.
"Vivimos más y nacemos menos. El sistema de salud, sin embargo, está organizado para una pirámide poblacional que ya no existe. Los efectos ya se están viviendo", señaló. Para De la Llave, todavía existe margen para generar cambios que permitan atravesar la transición demográfica con mejores condiciones de vida.
El especialista citó tanto el 47% menos de nacimientos estimados en los últimos años como el incremento de la expectativa de vida. Además, señaló que la diferencia entre varones y mujeres se redujo.
Según el informe Análisis de situación de la población con foco en el sector salud, elaborado por la cartera sanitaria y Unfpa, en 2023 las mujeres vivían en promedio 80,6 años, mientras que los varones alcanzaban los 74,8 años. La expectativa de vida mantiene un incremento sostenido, salvo durante la pandemia de Covid.
Para 2040, la previsión oficial estima una esperanza de vida de aproximadamente 83 años para las mujeres y 78,7 años para los varones, con una reducción de la brecha entre sexos a 4,3 años.
A partir de estos datos, De la Llave planteó que el sistema sanitario debería abandonar la denominada "medicina reactiva" y avanzar hacia una práctica preventiva. Esto implica relevar la polifarmacia, la fragilidad y los síndromes geriátricos, además de evaluar la función cognitiva, la movilidad, la nutrición, la visión, la audición y el estado de ánimo para determinar las necesidades de cada persona.
"Hoy, la población en edad productiva que aporta al sistema va a ir llegando a los 65 años en 2040 aproximadamente. Tenemos 14 años para mejorar las prestaciones", expresó.

































