Este lunes la misión Artemis II busca cumplir con un objetivo crítico. La nave tripulada se acercará a la Luna como no se hace desde hace medio siglo. Se trata del “sobrevuelo lunar”, una maniobra que se prolongará aproximadamente por siete horas y que determina la mayor distancia alcanzada por seres humanos de la Tierra: 406.722 kilómetros. Literalmente, estarán fuera del mundo. De esta manera, batirán un nuevo récord y superarán por 6.600 kilómetros lo conseguido por Apolo 13, en 1970. Durante ese lapso, los astronautas a bordo de la nave conversarán con expertos y expertas de la NASA que están la Tierra y tomarán imágenes únicas envidiadas por cualquier fotógrafo.
En la mañana de hoy, lunes, el sexto día desde que despegó el cohete desde Cabo Cañaveral (Florida), los astronautas de la nave Orión ingresaron en la “esfera de influencia de la Luna”. Una zona en la que la gravedad que ejerce el satélite se convierte en la fuerza dominante que redirige la trayectoria de la nave. Esto es: los astronautas “caen” hacia la Luna. Durante la travesía, los viajeros darán una vuelta alrededor del satélite (estarán a unos 6.500 kilómetros), pero sin ingresar en su órbita.
De esta manera, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los cuatro viajeros cósmicos, pasarán a conformar el selecto grupo de personas que podrán conocer de primera mano y al detalle las características de la Luna en toda su inmensidad. Además, Estados Unidos se da el lujo de cumplir otras metas: Koch es la primera mujer que viaja a la Luna y Glover el primer afrodescendiente.
Desde la NASA, Noha Petro, referente del área de Geología, resumió que los tripulantes podrán ver la Luna como si fuera una pelota de básquet, tomada en la mano con el brazo extendido. Cráteres que se formaron por antiguos impactos, flujos de lava que marcaron senderos eternos, grietas que se identifican como cicatrices, conforman la textura singular del satélite. Observarla en toda su dimensión, medir su color y contemplar su brillo, sostienen desde la agencia espacial norteamericana, les permitirá, en el futuro, poder estudiar sus características con mayor precisión.
Mariano Ribas, uno de los principales divulgadores de Astronomía del país, cuenta a Página 12: “Se van a fotografiar en detalle y con alta resolución una serie de cráteres, que son de especial interés científico. La misión seguirá varias horas más atravesando la cara oculta de la Luna y luego pegará la vuelta a la Tierra en cuatro días. Llegará al Océano Pacífico”. Y continúa, a título personal: “Para muchos de nosotros que no pudimos vivir la era de los Apolo, esto es como una revancha del tiempo y de la historia. La posibilidad de vivir con streaming, HD y celular, este regreso de la humanidad a la Luna es algo súper emocionante. Saber que volvemos y que en pocos años estaremos caminando de vuelta sobre el satélite, quizás para quedarnos allí... Se abre una nueva etapa, sin dudas”.
Testigos privilegiados
En el recorrido, los astronautas pasarán muy cerca de la cara oculta de la Luna, que hasta la fecha cuenta con las regiones menos exploradas, incluso por naves no tripuladas. Cuando Orión atraviese esta región, reinará el silencio absoluto por aproximadamente 40 minutos, la transmisión de interrumpirá y los cuatro viajeros podrán disfrutar como nunca de ser testigos privilegiados de la cara inaccesible del satélite.
Básicamente, cuando la Luna gira alrededor de la Tierra siempre enseña la misma cara. Por eso, a lo largo de la historia, las sucesivas civilizaciones, primero a través de sus propios ojos y luego con instrumentos sofisticados, pudieron contemplar más o menos la misma geografía.
Como antecedente, en 2019, la Administración Nacional del Espacio de China, informó que la sonda robótica Chang’e 4 conquistó el cráter von Kármán, la enorme depresión que conforma la cuenca Aitkenen en el polo sur de la Luna. El acontecimiento constituyó un verdadero hito en la historia de la exploración del universo, porque fue la primera vez que una tecnología consiguió posarse en la cara oculta del satélite y recorrer esta zona no observable desde la Tierra. Si bien había fotografías de esta región, ninguna nave lo había logrado del modo en que lo consiguió la oriental.
Dada la distancia comprendida, los telespectadores sabrán entender las deficiencias en la calidad de la transmisión, que podrá seguirse a través del canal de la NASA en YouTube.
¿Para el beneficio de todos?
Este lunes fue especial por varios motivos para los astronautas. Luego de despertarse, la nave recibió un mensaje que grabó antes de fallecer Jim Lovell, miembro de Apolo 13. Dice así: “¡Hola, Artemis II! Soy Jim Lovell, astronauta del programa Apolo. ¡Bienvenidos a mi antiguo vecindario! Cuando Frank Borman, Bill Anders y yo orbitamos la Luna en el Apolo 8, la humanidad tuvo la primera visión cercana de la Luna y una perspectiva de nuestro planeta que inspiró y unió a personas de todo el mundo. Me enorgullece pasarles el testigo, mientras orbitan la Luna y sientan las bases para las misiones a Marte... para el beneficio de todos. Es un día histórico y sé lo ocupados que estarán. Pero no olviden disfrutar de la vista. Así que, Reid, Victor, Christina y Jeremy, y todos los grandes equipos que los apoyan, ¡mucha suerte y que Dios los acompañe! De parte de todos nosotros aquí en la Tierra".
Lo que no dijo Lovell en su mensaje es que Artemis es diferente de Apolo. En el presente, a la NASA ya no le interesa tan solo cumplir con el hito científico y tecnológico de visitar la Luna. Ello ya se logró con éxito en los 60 y los 70. En la actualidad, la carrera espacial enfrenta a Occidente con un rival mucho más potente que la URSS. China prevé, al igual que EE. UU., instalar sus bases lunares con la meta de llegar a Marte en las próximas décadas.
La bandera norteamericana no será la única que se posará en otros mundos y eso, para el ego de Occidente, puede ser un baldazo de agua fría.



















