Malvinas no entra en una bandera: entra en la memoria

Hay partidos que duran noventa minutos. Y hay partidos que un pueblo juega desde hace casi dos siglos.
EDITORIAL15/07/2026Redacción Primeras líneasRedacción Primeras líneas

Malvinas no entra en una bandera: entra en la memoria

Hay partidos que duran noventa minutos. Y hay partidos que un pueblo juega desde hace casi dos siglos.

Esta tarde, cuando Argentina e Inglaterra vuelvan a cruzarse en una cancha, millones de argentinos sentirán que no se trata de un partido más. Porque cuando enfrente está Inglaterra, es imposible separar el fútbol de la historia.

Las Islas Malvinas siguen siendo territorio argentino ocupado ilegítimamente por el Reino Unido desde 1833. En 1982 esa ocupación se cobró la vida de 649 argentinos, muchos de ellos chicos de apenas 18 años, enviados a combatir contra una de las mayores potencias militares del mundo con escasa preparación, equipamiento insuficiente y en condiciones inhumanas. Esa herida sigue abierta.

El fútbol nunca fue ajeno a esa memoria. Diego Maradona lo resumió mejor que nadie cuando convirtió el gol con la “Mano de Dios” y, minutos después, el mejor gol de la historia de los Mundiales. Aquella tarde en México 86 no borró el dolor de Malvinas, pero le dio a un pueblo una alegría que trascendió lo deportivo. Desde entonces, cada Argentina-Inglaterra carga un peso que va mucho más allá del resultado.

Por eso resulta inadmisible que, en nombre de una supuesta neutralidad, se pretenda expulsar del estadio cualquier bandera, camiseta o símbolo que recuerde a las Islas Malvinas. No hay neutralidad posible cuando se le pide únicamente al pueblo agredido que calle su memoria para no incomodar al ocupante.

Lo más preocupante no es sólo la decisión de la FIFA. Lo verdaderamente preocupante es que el Gobierno argentino no haya levantado la voz frente a una medida que convierte el recuerdo de nuestros héroes en un supuesto acto de provocación política. El silencio, en estos casos, también es una forma de resignación.

Mientras Inglaterra continúa ejerciendo una ocupación que la Argentina reclama desde hace casi dos siglos, el poder internacional pretende que los argentinos dejemos su memoria en la puerta del estadio. Y el Gobierno nacional, lejos de defender con firmeza una causa que atraviesa gobiernos, partidos políticos e ideologías, vuelve a elegir la comodidad del silencio antes que la defensa de la soberanía. La neutralidad frente a una injusticia termina favoreciendo al que ocupa.

Las Malvinas no son una consigna partidaria. No pertenecen al oficialismo ni a la oposición. Son una causa nacional, respaldada por la Constitución Argentina y por generaciones enteras que crecieron aprendiendo que esas islas forman parte de nuestra identidad.

Nadie pretende trasladar una guerra a una cancha de fútbol. Los jugadores ingleses de hoy no son responsables de lo ocurrido hace más de cuarenta años. Pero tampoco los argentinos tenemos por qué aceptar que recordar a nuestros héroes sea considerado una falta de respeto.

Hoy habrá once argentinos y once ingleses disputando una semifinal. Habrá táctica, talento, nervios y pasión. Pero también habrá memoria. Porque los pueblos que olvidan su historia terminan renunciando a ella.

El fútbol termina cuando el árbitro marca el final.

La causa Malvinas no.

Y la memoria de quienes dieron la vida por la Patria tampoco puede quedar afuera de un estadio.

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